Carta a Radamel Falcao García:
Crack: ¡Esta no es tu casa, esta, es tu piel!
Pocos logran ser lo que soñaron ser. Tú, Radamel, por el
contrario, lo has sido y de nuevo hoy, al vestirte de azul, lo vuelves a hacer.
No son los goles, son las decisiones que tomas en la cancha y en la vida las
que nos hacen llorar de emoción.
Hay delanteros por millares, pero Radameles, Falcaos, como tú,
no.
Hoy, has hecho feliz a los hinchas de Millonarios sin edad.
A los cincuentones, como yo, que a mis 48 años, podré verte con la mítica 9 en El
Campín y gritaré y gozaré el gol y gol y gol… hasta quedarme afónico. A los más
viejos, como mi papá, de casi 85, que vieron a Di Stefano en el área y ahora
evocarán por TV su nostalgia con tu realidad. A los nuevos hinchas, como mi
hija, de 13 años, que sabrá desde la grada y en carne propia, que a los que se idolatra
se les puede alentar en la vida real.
Hoy, Falcao, jueves 20 de junio de 2024, tu grandeza se hace aun
mayor, porque has decidido jugar en el equipo de tus amores. En el equipo de
mis amores. En el famoso embajador.
Hay emociones que se salen de los ojos, como un 9 que escapa
al fuera de lugar y se perfila para el gol. Hay imágenes que se posan en la
mente, como un delantero entrando al área chica y abriéndose espacio entre los
defensas. Hay delanteros como tú, Radamel, que nos hacen escapar lágrimas en un
contragolpe letal y nos generas imágenes de emoción para guardar en la memoria.
Tú, Radamel, has hecho que la emoción baje por las calles y
las gradas de Bogotá en un jueves lluvioso, y que los azules seamos y nos
sintamos más azules hoy que nunca, como si el paraíso fuera un arco y un balón.
Pase lo que pase, ya nos diste una alegría aun sin jugar. Ya
cumpliste el sueño de todo pibe.
Gracias siempre Radamel. Gracias por lo que eres, has sido y
serás. Son solo estas cortas palabras de un mortal como yo, que cree en dioses
como tú, y que sabe que tu grandeza no está en los goles que hagas con la 9
azul (ojalá muchos); en los minutos que juegues con la 9 azul (ojalá eternos);
ni en las gambetas que lances con la 9 azul (ojalá millones); sino en portar ese
escudo y esa historia y ayudarla desde la piel a nunca morir.
Estamos listos para tu debut. Estamos listos para ti, para
aplaudirte, para agradecerte, para soñarte. La vida es eso: lograr lo que de
niños soñamos: jugar en el equipo amado o alentarlo hasta la muerte.
Ser lo que pensamos ser.
Bienvenido Radamel, llevamos años esperándote.
Esta no es tu casa, ¡esta, es tu piel!
Por Andres Gomez V. - Confesiones de un hincha